Crónica de una clausura añorada.
Tan insigne acto de clausura tuvo lugar en el afamado «El Chozo» del R.C. de Pineda que, habilitado para tan magno evento acogió, una vez más, una nueva edición del ilustre y veterano, a la par que prestigioso, Torneo de Golf, La Máquina, en su XXª edición.
Estuvo presidido por D. Pedro García de Pesquera y Bejumea, quien junto a D. Andrés Olmedo y Fernández, ejercieron de anfitriones ante los tan denodados participantes de pro, así como demás asistentes, quienes pudieron difrutar de un exquisito ágape en grata compañía y donde intercambiar opiniones y aseveraciones sobre las excelencias del juego desarrollado por los allí presentes, quienes no escatimaron halagos para sus adversarios, a la par que rememoraban tiempos pretéritos en los que en bombachos disfrutaban, ya por entonces, de tan gratas compañías.
Tras los exquisitos entrates, entre los que destacar un riquísimo queso machego, sin olvidar las famosas «cocretas», con su perfecto toque de nuez moscada y su cremosa textura, los siempre presente buñuelos, etc., acompañados de fluidos varios, como un fresquito y excelente Tio Pepe, un exquisito Beronia crianza del 2019, en su temperatura perfecta, «asín» como la, no menos deseada Cruzcampo frequita, y demas líquidos elementos, los comensales se dispusieron a descansar, tras cinco horas, sus fatigadas posaderas sobre las sillas habilitadas para tan deseado momento.
Una vez ocupados los asientos por tan insignes asistentes, el personal del club se dispuso a agasajar a los ilustres comensales con unos garbanzos con Penaeus kerathurus; que no son otra cosa que unos langostinos. Es decir, un crustáceo decápodo de cuerpo alargado y comprimido con caparazón liso y poco consistente para deleite de los paladares más exigentes si bien, las legumbres típicas de la Bañeza recordaban por su testura a los perdigones que los antepasado de los allí presentes usaban para dar cuenta de animales de pelo o pluma; hecho luctuoso que hoy día estaría mal visto entre la docta sociedad urbanita/podemita. Eso sí, una vez masticados dejaban en los paladares de tan exquisitos participantes, un grato regusto a marisco sanluqueño.
Tras dichos majares se procedió con uno de los postres más emblemáticos de la repostería española. Un postre elaborado a base de yema de huevo caramelizada y almíbar. Compacto lo justo y de un color amarillo intenso, del que dicen que tiene su origen en Jerez de la Frontera (Cádiz). Es decir, un tocino de cielo. Algunos de los allí presentes optaron por, dado que su nivel de azucar se lo permitía, repetir hasta quedar ahítos; mientras otros optaron por un refrescate e hidratante helado de turrón.
Y después «cafeses» varios y variados; solo, cortado, descafeinado, sin lactosa; que a mí mejor un menta poleo, etc., acompañados de una exquisitas tortas de Alcalá que, como suele ser costumbre, aporto D. Jose Luis Márquez Arroyo.
Por fin llegó al deseado copazo, donde los comensales haciendo acopio de una gran imaginación dieron muestra de su originalidad: Gin-tonic o Whisqui. Para que complicarse la existencia entre la sin fin lista de cócteles y variopintas combinaciones. Pura imaginación.
Copa en mano, con el tintineo de los «yelos» en el vaso como fondo musical, se procedió a la deseada entrega de los trofeos.
Para tan entrañable momento, tomo la palabra D. Pedro Gª de Pesquera, quien agradeció la asistencia los participante, recordó a los morosos el número de teléfono para el bizum, y cedió la palabra a D. Andres Olmedo; quien reiteró el agradecimiento y se congratuló, como no era menos de esperar, de vernos más jóvenes un año más. Tras lo cual, se procedió a la entrega de tan prestigiosos y costeados premios.
Este añó, no sabemos si por, el comportamiento adecuado y respetuoso correspondiente a cada categoría y situación, osease, por decoro, los organizadores tuvieron a bien no hacer entrega del premio «forrabolas» que hubiera correspondido a la pareja que cerraba el escalafón; la formada por D. José Mº Lanzas y Murillo y su partener, D. Carlos González y Laguillo. La verdad sea dicha, los organizadores se encontraron con la inesperada y desgradable sorpresa de no disponer de dicho premio. Lo que nos privó de un acto de lo más emotivo.
Así pues, la entrega comenzó por los premios individuales, arrancando con el drive más largo, que correspondió al sopapo arreado por D. Carlos Valenzuela Otayo en el hoyo 18. Tras tan prestigioso trofeo de procedió al correspondiente a la bola más cercana, que para disgusto de D. José Mª Lanzas, que ya lo veía expuesto en sus vitrinas, correspondió al acaparador, D. Gerardo Narvona Niza; quien en el hoyo 5 tuvo el acierto de dejar la bola a tan sólo 150 cm. del hoyo, con el consiguiente disgusto de alguno de los allí presentes.
Llegaba la hora de las parejas que, ante sorteo con notario y sin influencia ni ingerencia algunas fueron seleccionadas. Por orden inverso a la clasificación, y para incrementar la tensión de los participantes, se procedió a la entrega a los terceros clasificados; correspondiendo a la pareja formada por D. Antonio Alvear Dávila y D. Rodrigo Medina de la Paz, quienes amablemente posaron ante los medios allí acreditados y expresaron su satisfacción por tan meritorio puesto; abandonando el escenario entre los vitores y aplausos de los parroquianos.
Era el turno de la pareja clasificada en 2ª posición. D. Andrés Olmedo y D. Andrés Olmedo Jr. Escena entrañable donde las haya; ver recoger juntos a dos miembros de una familia un merecido trofeo. SI bien entremezclado con los aplusos se oían voces que clamaba: «Tongo, tongo». Envidia cochina de algunos de los asistentes.
Y por fin, el momento más esperado. La incetidumbre cubría la sala, la tensa espera no hacía sino que un río de rumores sobre los hipotéticos ganadores, anegara el recinto. Y tras unos minutos que se hicieron eternos, se anunció la pareja ganadora:
- D. Fernando Parra Martín, «El acaparador» y,
- D. Gerardo Narvona Niza
Quienes no pudieron reprimir sus emociones ante tan magno y merecido premio. Pero al igual que ocurriera con las parejas anteriores, las voces dicrepantes hicieron sentir su presencia al grito de tongo. Como dijo el cronista anteriormente: envidia cochina.
Una vez relajados los asistentes se procedió a la entrega del detalle que Federoticos tubo a bien regalar. Un par de gafas de sol, ideales para jugar al golf y ver a donde narices se ha mandado la bola. Un regalo con mucho vista. Una mano inocente, menos mal que no fue la de D. Vicente Canuto, selección la papeleta ganadora. Los afortunados fueron, D. José Ángel Arriaga Carretero y D. Javier Pommarez. Los gritos de tongo, nuevamente, no se hicieron esperar. Menos mal que «semos» gente de bien y la cosa fue menguando.
Acto seguido se procedió a la entrega de las costeadas y costosas prendas. Un polo en color gris claro, y un «fachaleco» burdeos, ambos con el escudo de La Máquina bordados al pecho. Mu monos, eso sí.
Pero lo mejor estaba por llegar.
Tomó la palabra D. Pedro García de Pesquera y Benjumea para presentar a D. Fernando Garrachón Vallo, quien procedió a contar un breve y soso chiste que aburrió, y de que manera, a los allí presentes. Que si un mariquita, que se le muere la madre. Que la visten, la desnudan y le ponen una botas de soldao. Que si se va la luz. Que si vamos palante; «tos por igua». Que si el federico. Y total para dejar a la difunta en el 11er. piso. Vamos un desatre. Vaya tío más soso. No entiendo el porqué la gente estaba con la mandíbula desencajada, la verdad.
Para tratar de levantar el ánimo de los allí presentes, tras semejante aburrimiento, D. Pedro, desesperado, llamó a D. Vicente Canuto, pero al igual que había ocurrido con anterioridad aquello volvió a ser un desatre. Que si uno perdía una baraja, que si D. Ignacio Alba imaginaba un número de la misma. Y luego resulta que la tenía al revés. Lo dicho, no había por donde «pillarlo». Después se despacha con unas monedas, que decía eran de plata, y llama D. Jose Mª Lanzas para que las verifique. Y va y las pierde. Madre mía. Menos mal que el invitado fue honrado y se las devolvió. Eso sí, las tenía econdidas en la mano.
Pero para rematar la faena coge a un inocente D. José María Portillo y le pide la alianza; y como testigos de la fechoría que iba a realizar, escoge a D. Ángel Concejo y a D. Javier Pommarez, quienes, para más INRI, se prestan a ello. Que si el anillo por aquí, que ahora está en la cinta, que si en el palito, vamos un liante de narices. Lo que quería era quedarse con el anilllo. Y para rematar el acto, no tiene otra que meter el anillo en un carraca para hacerlo polvo. La cara de preocupación del propietario, pensando como le iba a contar a su santa lo ocurrido, mereció la pena. Menos mal que D. Vicente Canuto tuvo a bien parar con anterioridad en un rastillo y comprar un cofrecito, un tanto hortera, a modo de compensación. La suerte fue que tenía un anillo dentro. Sino, no la cuenta. Lo dicho un liente, simpático, pero liante.
Y tras los besos y abrazos, como corresponde a los momentos de exlatación de la amistad, los ilustres participantes procedieron a retirarse a sus aposentos.
El caso es que cuando se retiraban se oía en la lejanía:
«QUE BIEN NOS LO HEMOS PASADO»
Gracias Pedro y Andrés. El año que viene, si Dios quiere MÁS